Supongo
que en el fondo te pareces a mí y, supongo que por eso te odio tanto. Quisiera
escribirte y explicarte miles de cosas en esta carta, empezar no sé, diciendo
que te extraño, que extraño las conversaciones a distancia y tu terrible forma
de querer explicarme el mundo de forma racional.
Tendría
que aclararte primero, que no me gusta lo racional, que odio que quieras
teorizar todo cuanto ocurre a tu alrededor y que me desesperas hasta la muerte.
Pero basta, no escribo esto por quererte hacer sentir mal, sino por sentirme
bien conmigo, perdón si esto te suena egoísta, pero quisiera que pudieras
entenderme. Me dueles hasta el borde de las lágrimas y no consigo sacarte de mi
mente. Me provocas un cariño y una ternura infinitas.
Se
que probablemente no deba decírtelo, y menos ahora que terminó una amistad que
no llegó a ser bautizada, pero que quieres que te diga, si hoy te ignoro es por
no hacernos daño o, es sólo tal vez que soy demasiado cobarde para enfrentarte
y decirte todo esto de frente; tal vez sí, soy muy cobarde y por ello no puedo
expresarte esto de forma verbal y tengo que escribirlo, pero quiero que sepas
que si algún día decides volver a hablarme, estaré gustosa de escucharte ya sin
ningún tipo de reproche.
Sabes
algo? últimamente, cada vez que te veo o cada vez que nuestros caminos se
juntan en una convivencia mutua, tengo ganas de gritarte, de llorar o de salir
corriendo por no poder evitar seguir pensando en ti, extrañarte, quererte. Como
sea y a pesar de ello, sigo queriendo abrazarte, protegerte, consolarte y ese,
ha sido mi mayor problema.
Me
despido de ti, deseándote todo lo mejor.
Tu
amiga perdida

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